22 de marzo de 2006

El PP, en su linea

Odio hablar de política en mi blog, pero es que no puedo evitarlo: me saca de quicio la actitud del PP en tantas materias. Siendo absolutamente respetuoso con cualquier postura política, pero evidentemente también pidiendo respeto a la mía, debo decir que el partido del Sr. Rajoy y sus secuaces cada vez se luce más con sus declaraciones.
Hace unas horas se ha emitido la (a mi parecer) buena noticia de un alto el fuego definitivo por parte de ETA, y desde el PP y sus amigos los de la COPE se han oído maravillas como las siguientes:

"ETA tiene que anunciar su disolución"

"Una pausa, no una renuncia"

"La aprobación del Estatut [de Catalunya] ha sido el primer paso para que ETA consiga sus objetivos"

"Con la tregua, ETA ha iniciado su triunfo"

"No puede ser que ETA marque la agenda política española"

Pues a mi no me da la gana escribir más sobre esto. Creo que sobran las palabras.

Un abrazo.

El fantasma de Moulin Rouge


Cuando digo “El fantasma de Moulin Rouge” no estoy haciendo ninguna comparación chorra entre El fantasma de la ópera y Moulin Rouge. Básicamente estoy haciendo referencia a cómo esta película llegó a impactarme de manera chocante hace ya unos años, cuando la vi a finales de 2001.

Recuerdo que llegué a verla la friolera de cuatro veces a lo largo de varios meses, y que estuve esperando ansiosamente la edición en DVD. Esta película suponía para mi lo que más me gusta del cine en todos los sentidos: barroquismo visual, desenfreno, humor y drama a la par, grandes interpretaciones, el simple hecho de que fuera un musical (uno de mis géneros fetiche), y, sobre todo, por destilar un sentido de la belleza y el romanticismo que es realmente afín a mi propia personalidad.

Hasta el día de hoy me he sentido absolutamente identificado con el personaje de Christian. Es mi alter ego, sin duda. El hecho de que fuera un soñador romántico, ilusionado, confiado, inocente en su corazón... pero también incapaz de evitar sentimientos negativos como los celos, el dolor, la posesión enfermiza... fueron algunas de las razones por las cuales pensé este chico es como yo. Pero Christian sólo tenía un problema: nunca se había enamorado. Y entonces apareció Satine, esa hermosa mujer llena de un dolor que le conmovió hasta arrebatar para siempre su corazón.

Cuando vi esa maravillosa secuencia de Your song sobre los cielos de París, me puse a llorar como un tonto. Y ¿quién me iba a mi a decir que eso no era nada comparado con lo que vendría después?. Ahora, en este mismo instante, mientras escribo estas palabras, si pienso en las dos secuencias de la película en las que suena esa maravillosa canción llamada Come what may, reconozco que se me pone la carne de gallina.

Pero el amor no es como se describe en esta película. No es sino una exposición superlativa del mismo, una ilusión, un sueño. Porque supongo que todos los que somos románticos desearíamos vivir una historia de amor tan intensa como la de Christian y Satine. Y la verdadera naturaleza del amor, como se decía en Romeo y Julieta, y que también está presente en esta película, es el drama. ¿Y qué es sino amar sino sufrir?. ¿Qué es el placer sin el dolor?. Sí, lo sé; no tienen nada que ver, pero si lo pensamos bien, estas cosas están mucho más relacionadas de lo que a priori parece.

No sé por qué me ha dado por escribir esto. Supongo que de repente me he acordado, me ha venido a la mente, que tengo un Christian dentro de mi, y que por muchos palos que me lleve en la vida siempre seguirá ahí. Por eso digo que el fantasma de Moulin Rouge sigue presente. Porque para mi es mucho más que una película, es parte de mi vida y, en cierto modo, parte de mi propia historia. A veces pasa. Esa es la magia del cine, una de las muchas magias que tiene.

Sí, ahora mismo me encantaría poder cantar Come what may, pero ante la imposibilidad de hacerlo, me conformaré con otro tema no menos notorio: quisiera ser Nicole Kidman, subirme al elefante del amor, y cantar aquello de One day I’ll fly away...

Un abrazo.

Una pesadilla extremadamente perturbadora

Hacía muchísimos meses que no me ocurría lo que sucedió anoche. Apenas he dormido por culpa de una de esas cosas que se cuelan en mi cerebro mediante el subconsciente y, evidentemente, no puedo controlar. He tenido una pesadilla, pero no una pesadilla corriente, sino de esas que parecen trascender el mundo de los sueños para convertirse en algo muy real. De esas de las que no te olvidas por la mañana, sino que las recuerdas hasta el más mínimo detalle. Y ha sido un mal trago, para qué engañarnos. Me he levantado en medio de la noche completamente empapado en sudor tras llegar al punto más intenso de la misma, y me he puesto a gimotear como un crío.

Sin entrar en detalles, básicamente se trataba de una discusión entre tres personas, en un lugar que ya quedó atrás en mi vida. Estas tres personas éramos yo y las dos personas más importantes en mi vida actual. La discusión venía provocada por mi y mi actitud, y al final acabábamos todos insultándonos y diciéndonos mutuamente que nos odiábamos. Todo esto en un contexto de lo más extraño: en verano, en mi antiguo chalet que ya vendimos hace un par de años, en medio de una multitudinaria comida familiar (de la cual nos apartamos: en el sueño sólo estábamos los tres).

Ahora yo me pregunto el por qué mi subconsciente me ha jugado esta mala pasada. Es imposible que entre estas personas y yo pudiera darse una situación tan extrema, y además se produce en un entorno que pertenece completamente a un pasado que no puede volver. ¿Tendrá esto algo que ver?. Yo soy de esos que creen que los sueños son una clara manifestación de todo aquello que no nos atrevemos a creer para nosotros mismos, es nuestra propia psique, nuestra propia consciencia advirtiéndonos a su manera que hay algo que aún nos atormenta aunque nos esforcemos en creer que ya lo hemos dejado marchar o más bien superado.

Ahora mismo, ya habiendo pasado bastantes horas de todo eso, me siento mucho más relajado, quizá porque mi corazón ya está recuperando su temperatura habitual, y el tino está apoderándose nuevamente de mi cabeza. Pero sé que cuando me he despertado, incluso el resto de la noche, incluso hace un rato mientras desayunaba, me ha invadido una sensación de angustia intensa que me ha dejado hecho polvo. Aunque parezca completamente fuera de lugar decirlo, me parece que con toda mi plena consciencia he sentido un TERROR EXTREMO. Y lo peor... ¡no tengo ni idea de por qué!. No me pienso comer mucho el coco, seguramente se trate simplemente de un post-shock.

La conclusión a la que quiero llegar, que no es una conclusión sino una pregunta, ya la he mentado en realidad: ¿es nuestro subconsciente más inteligente que nosotros, o al menos más sincero con nuestra propia realidad, o más bien es una especie de estigma puñetero que nos aletarga en situaciones que deseamos olvidar?.

Un abrazo.