
Bueno, por fin y tras una larguísima espera de casi siete meses, ha vuelto mi serie favorita a la pequeña pantalla. Y es que
Lost, a dos temporadas de finalizar definitivamente (queda esta temporada y una más, de 17 capítulos cada una) tenía que
terminar de una vez para no cargarse el impresionante y enrevesado argumento que tiene. Así lo han asegurado sus creadores, y así opino yo.
Tras
descargarme hacerme con los
dos primeros episodios de la quinta temporada y verlos ayer con un
ansia casi enfermiza, puedo asegurar que en el comienzo de esta temporada parece que estamos ante una serie totalmente
diferente a lo que hemos venido viendo en temporadas previas y que, sin embargo, marca una absoluta
coherencia con el extraño guión del que hemos sido testigos. Todo empieza a
cuadrar, a cobrar forma, incluso misterios irresueltos de la
primera temporada.
Lost no es una serie: es una
auténtica obra de culto que va a marcar un antes y un después a la hora de plantearse las series de televisión de buena calidad (de hecho, ya lo ha hecho). Su
cinematográfica puesta en escena, sus localizaciones, su misterioso pero atrayente guión mezcla de melodrama, aventuras y ciencia ficción, y sobre todo, ese sentimiento de estar viendo una
rallada mental en toda regla, hacen que ver cada capítulo de esta serie (con sus más y sus menos, claro) sea toda una
experiencia.
Con tanta expectativa, no dudo que el final de la serie va a
decepcionarme, sea cual sea, pero le doy la
bienvenida nuevamente a los
Oceanic 6 y compañía. Os echaba de menos, chicos.
Si no la habéis visto, sea por prejuicios o por vaguería, ¡ya
tardáis, joer!.
Un abrazo.