En mi pasado viaje a París en julio no mencioné un lugar excepcional, y lo hice porque este merece un comentario aparte: Versalles, ciudad-pueblo cercano a la capital francesa, mundialmente conocido por albergar el famoso palacio que fue la residencia de los reyes durante los siglos XVII y XVIII, destacando entre ellos Luís XIV, XV y XVI, además de la consorte de este último, la tristemente recordada María Antonieta. Hogar también de los Delfines y de muchos otros célebres personajes, muchos eventos históricos se celebraron aquí, siendo el más conocido el Tratado de Versalles de 1919 que puso fin a la primera guerra mundial en la magnífica sala de los espejos del castillo.
Pero dejémonos de historia y veamos el impresionante castillo junto con los descomunales, preciosos, increíbles jardines que se extienden detrás de él.
Pero dejémonos de historia y veamos el impresionante castillo junto con los descomunales, preciosos, increíbles jardines que se extienden detrás de él.


Lo que realmente impresiona de Versalles (y ojo, que el castillo pese a lo que acabo de decir es fantástico y recomendable) son sus jardines, los más grandes que he visto en mi vida, y los más cuidados y estilizados. En verdad me recordaron mucho a la Granja de San Ildefonso de Segovia pero a lo bestia.

Si queréis pasarlo bien y tenéis tiempo de sobra en vuestra visita a la ciudad del amor, no lo dudéis: Versalles es vuestro sitio.
Un abrazo.