
Ahí estoy, con mi ordenador conectado a internet, con mi impresora, y mis frikismos (fijaos en el Son Goku y Gohan que hay en la torre del ordenador). Y, por supuesto, una foto de mi queridísimo primito Victor (que, por cierto, hace unos días cumplió 12 años y no le felicité por aquí... lo siento).
Cuando he visto esta foto he pensado en primera instancia que, sinceramente, las cosas que amamos al fin y al cabo siempre están ahí, que solamente se transforman por el paso del tiempo, pero no varían.
Un abrazo.