1 de marzo de 2006

Incertidumbre

Son casi las siete de la tarde y aquí sigo, en la oficina. Teóricamente, en breve debería marcharme a mi esperadísimo concierto de Lucie Silvas en el centro, pero el asunto está más que incierto. Han surgido complicaciones de índole laboral en el último momento que, una vez más, no son por causa mía, y tengo que esperar a ver qué pasa.
Me veo con la seria posibilidad de tener que joderme y no ir... maldita sea... la respuesta, mañana...

Subidas y bajadas

Estoy tan, tan cansado... últimamente todo parece girar en torno a muchísimas variables que antes no existían, y creo que están empezando a afectar a mi carácter de una manera alarmante. Por así decirlo, no conozco un término medio a nivel anímico. Eso sí, como dije hace poco, hay un par de cosas que son claras: la primera, que ya no caigo tan bajo como para considerarme hundido, y la segunda es que tengo una tendencia evidente a exagerar mis emociones... tanto que a muchos seguramente pueda parecerles algo rematadamente artificial. Y el caso es que no lo es, porque a mi me hace falta toda esa magnificencia de expresión sentimental. Simplemente lo necesito.

Lo que ahora me tortura es el preguntarme por qué me estoy recuperando tan rápidamente del que seguramente ha sido uno de los golpes más duros que he vivido nunca. ¿De verdad estoy mucho mejor?. ¿No será que eso es lo que me quiero creer?. La psique humana puede llegar a ser realmente prodigiosa a la hora de enhebrar mentiras o creencias que asimilamos para nuestro propio interior, como una especie de medicina que ayude a debilitar los malos sentimientos, todo aquello que atormenta nuestro espíritu.

Y una vez más, digo que no lo creo. Si bien no puedo librarme de ese estigma común a todas las personas, que es el autoconvencimiento, también puedo decir con orgullo que me veo muy capaz de explorar mi mente y mis sentimientos de forma más o menos imparcial, sabiendo a ciencia cierta las cosas buenas y malas que pululan en mi cabeza. ¿Por qué, entonces, llevo dos semanas sintiéndome nuevamente una persona, en su significado más literal, en lugar de la mierda en que me convertí desde finales de noviembre?. Me temo que esa respuesta llegará mucho más adelante, cuando toda la tormenta haya finalizado del todo. Al final todo se limita a tener paciencia.

Hoy me he levantado profundamente deprimido, y esa sensación se va diluyendo a medida que avanza el día lento pero seguro, y esa melancolía no se debe al tema de siempre, sino a puntos imprecisos que no sabría especificar. Todo el mundo conoce esa sensación de angustia, de bajada, de caída... sin saber responderse el por qué de ese estado. Pues así estoy yo hoy. Pero como por otra parte tengo una jornada laboral que sólo podría calificar de excitante, aderezado por el hecho de que esta noche voy a un concierto que me apetece mucho, pues esa sensación se va esfumando progresivamente.

Poco más tengo que añadir a lo que ya he dicho. Ahora debería sacar algún tipo de conclusión, porque parece que he afirmado más de lo mismo. Pues no, ni puedo sacar una conclusión específica ni he dicho lo mismo. Cada día de nuestra vida viene marcado por una serie de avatares que los hacen únicos e irrepetibles. Eso que quede muy claro. Si tuviera que resumir todo lo que he dicho en un pequeño párrafo, o acercarme a esa conclusión que no acierto a expresar, diría que no tengo muy claro cual es mi verdadero estado anímico, pero que el paso de las horas va haciéndome ver claramente que las cosas no han cambiado en absoluto y a su vez han cambiado del todo.

Anoche tuve un encuentro bonito y provechoso, que me demuestra que no solo voy aceptando las cosas tal y como vienen, sino que además puedo hablar de temas que antes podía considerar escabrosos. Y sobre todo, y lo más importante, es que la transición aplicada al enorme cambio que tengo en una relación personal va asentándose de forma positiva, y corrobora mi teoría (más bien creencia) de que querer a una persona de verdad significa saber sacar lo verdaderamente hermoso de ese amor, en lugar de lamentarse por la pérdida de una vivencia o situación específica. En ese aspecto, el cariño o el amor de verdad es como la energía, que ni se pierde ni se gana: sólo se transforma.

Vamos a seguir trabajando, señores. Gracias por atender a mis visicitudes mentales.

Un abrazo.