1 de octubre de 2007

Violencia

Yo nunca he comprendido el concepto de la violencia. La violencia irracional, al menos. Se supone que los humanos, como seres racionales, podemos y debemos recurrir en primera instancia siempre a la diplomacia y al sentido común. No obstante, soy plenamente consciente de que somos animales, que tenemos instintos, que la violencia es parte de nuestra naturaleza.

Pero hay una violencia que nunca jamás llegaré a comprender: la de aquel que arremete contra alguien a quien supuestamente ha amado o querido. Cuando los argumentos ya no son suficientes, cuando lo visceral supera a lo racional, cuando la ira, envidia o celos sobrepasan a la persona, estalla la bestia que todos llevamos dentro.

El dolor emocional es mucho más intenso que el físico. El impacto, más allá del puñetazo. Las heridas más profundas, los moratones más dolorosos.

No comprendo este tipo de violencia, ni ningún otro en general. Sinceramente, de corazón, no puedo entenderlo. Pero cuando soy testigo indirecto de ella, reconozco que en mi también brota la bestia, y deseo hacer daño al agresor. Porque se lo merece.