30 de junio de 2006

Juan Carlos y Manolo


Recuerdo cómo conocí a Juan Carlos en el verano de 2002, cuando celebramos por aquel entonces el orgullo gay. Vivía con su novio Ismael muy, muy cerca de donde yo vivo, pero no les conocía salvo por una breve referencia de mi amigo Jorge. Este vino desde Galicia a mi casa para pasar los días del orgullo por Madrid, y me presentó a esta pareja de vecinos de barrio. Pero honestamente, apenas les presté atención, pues me los presentaron en un contexto demasiado alborotado. En todo caso, fuimos coincidiendo de ahí en adelante en algunas ocasiones... que si por el MediaMarkt del barrio, que si saliendo de copas... y lo típico, les saludas por educación... pero el caso es que finalmente entablé algo de amistad con Juan Carlos.

También recuerdo cómo conocí a Manolo, incluso la primera vez que le vi. Empecé precisamente en julio de 2002 a trabajar en DMR, una consultora en la que permanecí algo más de año y medio, y él era compañero mío. Aunque no coincidíamos mucho, poco a poco también entablamos una curiosa amistad. Cordobés con mucho salero, a la par intimidante, gracioso, simpático y seriote, este señorito de pura raza es una persona peculiar, estupenda y adorable.

En diciembre de 2003, Juan Carlos rompió con Ismael. Fue ahí donde empezamos a hacernos íntimos amigos, pues empezamos a pasar mucho tiempo juntos. Y empecé a quererle mucho. ¡Ojo, no penséis mal!. Hablo de amistad pura y dura, como si fuera mi hermanito mayor.

Cuando llegó enero de 2004, yo me marché de DMR para entrar donde estoy trabajando actualmente. Y claro, Manolo dejó de ser mi compañero de trabajo. Lo típico: que nos vamos llamando, que a ver si quedamos... y el caso es que habíamos salido de marcha en alguna ocasión. Una vez incluso, en casa de Juan Carlos, le enseñé unas fotos de mis compañeros de oficina y cuando vio una mía con Manolo, dijo anda, qué guapo es este chico. Y como no había relación alguna entre ellos, dije tranquilamente que también entendía.

Pero bueno, llegando al meollo de la cuestión: a principios de febrero de 2004, le dije a Juan Carlos que fuéramos a ver El Señor de los anillos: El retorno del rey, pues él no tenía con quien ir a verla pese a que hacía más de un mes de su estreno, y a mi no me importaba en absoluto (era la séptima vez que la veía, pero eso no viene a cuento, supongo). Pues bien: le dije a Manolo que también se viniera, pues no podía tolerar que no le hubiera gustado Las dos torres. Y así se produjo el encuentro: me llevé a ambos al cine, a Kinepolis. Cuando terminamos, nos fuimos a tomar algo y yo me tuve que marchar. Juan Carlos se prestó a llevar a Manolo a su casa.

Un par de semanas después estaba de marcha por Chueca con unos amigos, en Carnaval, disfrazado precisamente de Frodo Bolsón, y llamé a Juan Carlos para que se uniera a la fiesta. Cuando le vi aparecer con Manolo de la mano, casi me da un patatús. ¡Se habían ennoviado!.

De eso hace ya algo más de dos años. En la actualidad viven juntos muy cerquita de mi casa, y son mis adorados vecinos. En este tiempo, JC se ha consolidado como uno de mis más adorados amigos y le quiero con locura. Hablamos constantemente, nos vemos cuando buenamente podemos (trabajamos cerca y comemos juntos casi todas las semanas algún día), y Manolo sigue por DMR dando guerra, y aunque le veo un poco menos que a JC, también es un amigo al que aprecio mucho y con quien sé que puedo contar.

Sinceramente, me siento orgulloso de haber sido el vinculo de unión de estas dos pequeñas maravillas de la humanidad. Que sea por mucho tiempo, amigos míos. Os quiero mucho.

Un abrazo.

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